
PCV. — El historiador David Fowler, profesor de la Universidad de Cambridge, acaba de publicar una investigación sobre la cultura juvenil en Gran Bretaña. Y ha sacado ronchas, pues su tesis más publicitada es que The Beatles y The Rolling Stones nunca fueron los abanderados de un movimiento o una cultura juvenil. Por el contrario. Dice Fowler: «Eran jóvenes capitalistas que […] explotaron a los jóvenes promoviendo una cultura de ciega adoración de los fans, griterío insensato y consumismo pasivo entre los adolescentes».
En resumen, y tomando letras de Los Prisioneros, «querían dinero». Y la juventud, contrario a lo que se sostiene, plantea Fowler, no emergió en los 60 —lo habría hecho en el periodo de entreguerras— pues acá se quebró y entró en su decadencia y arrogancia rebelde.
El escritor Fabio Salas Zúñiga es uno de los estudiosos chilenos de la música y su identidad. En El rock: su historia, autores y estilos, Salas adelanta algunas características del género y sus fenómenos propios que pueden orientar en su comprensión: «De muchacho humilde a estrella de rock —señala al referirse a Brian Jones, el suicida miembro de los Stones— hay un trecho que envuelve y que atrapa con su influjo caníbal». Una fuerza irresistible dentro del rock altera al individuo.
La pregunta que emerge es enfática: ¿corrompe la industria musical el anhelo inicial del músico rupturista y comprometido o sólo se trata de personajes portadores de una hipocresía oculta y escurridiza; es decir, en el discurso el fanático es un «compañero», un igual, un miembro de la misma cruzada juvenil, pero en la industria es un consumidor? ¿Qué ideología transporta el rock? ¿O no comunica nada y sólo recibe en efectivo? Fowler compara, y en esto es claro, a los Beatles con el fenómeno de las Spice Girls en los 90.
Por su parte, Salas entrega algunas claves para analizar a los Stones: «Todo es cuestión de ver desafectadamente lo propuesto por estos quintillizos de los sesenta: atreverse a vivir la propia individualidad sin miedos y aventarse con los riesgos de la aventura». Imagen sincera de unos ingleses de clase media que redefinieron, dice Salas, el concepto de banda.
Y sobre los Beatles delinea una imagen icónica, paradigmática dentro del curso natural de la música en el siglo XX y que se contrapone a la postura de Fowler: «[la banda]se transformó en el portavoz unánime de una generación única en la historia de la cultura occidental, otorgándole a la música un carácter testimonial inédito hasta entonces […] Ellos plasmaron en el pop la imagen del artista conectado sensiblemente con la problemática de su tiempo y eso lo proyectaron en su música».

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