Estudiantes marcan pauta en la gestión cultural

Decididos a movilizar al mundo artístico en la universidad, crearon festivales, sitios web y exposiciones. Hoy, sus proyectos son exitosos: logran convocar a miles de chilenos.

Patricio Contreras Vásquez

La gestión cultural ya no es sólo para profesionales experimentados. Los universitarios están luchando codo a codo por sus proyectos, compitiendo por recursos, espacios y público. “La gestión cultural en Chile está aumentando su popularidad”, dice Roberto Guerra, presidente de la Asociación Nacional de Gestores y Organizaciones Culturales. “Los universitarios no son la excepción. Organizan muchos conciertos, festivales y muestras plásticas”, agrega.

En 2007 Luis Cruz y Gabriel Oyarzún debían presentar su tesis para Periodismo en la Universidad de Santiago. Como ambos subían cuentos y poesías a blogs, sabían que faltaban sitios web apropiados para leer. “Existían YouTube y Myspace, pero no había un gran referente a nivel de literatura”, comenta Cruz. Gracias al apoyo de su profesor, el crítico literario Camilo Marks, consiguieron que autores chilenos donaran obras, y las publicaron en “Libros de Mentira”. Hoy, esa biblioteca virtual tiene una colección de narración y otra de poesía, con textos de premios nacionales como Armando Uribe, Nicanor Parra y Gonzalo Rojas. La visitan 9.000 personas al mes y el próximo paso es que funcione en papel.

Una convocatoria similar logra Antonio Altamirano con su festival “Cielos del Infinito”. En 2005 dejó Punta Arenas para estudiar teatro en Santiago y envidió la oferta cultural capitalina. A su ciudad natal llegaban sólo cinco obras al año y para remediar eso gestionó la visita de artistas a la zona. Tuvo éxito, y aunque terminó su carrera no abandonó el festival. Así, convocó a 5.000 asistentes en 2008, y el año pasado a 9.000.

Francisco Navarrete estaba en cuarto año de Arte en la U. de Chile cuando se integró, en 2009, a “Acción Sudaca”, iniciativa estudiantil para exponer arte fuera de los circuitos oficiales. Gracias a los fondos concursables de la universidad pudieron extender la convocatoria a estudiantes de todo Chile. Ahora, Navarrete finalizó sus estudios, y busca conseguir mayor difusión para artistas de entre 18 y 30 años. “La idea es crear una fundación cultural”, dice. El año pasado hicieron diez exposiciones en Balmaceda Arte Joven de Valparaíso, La Perrera Arte y el Centro Cultural del BancoEstado.

Otro caso es el de Carlos Valenzuela, quien gracias a su rol como dirigente de la FECh ganó experiencia en temas de gestión. Mientras estudiaba composición en la U. de Chile, notó la falta de instancias para montar obras. “Esto no es una carrera, es un oficio. Los oficios uno los aprende haciéndolos. Cuando la música se queda en el papel y no la puedes montar, es difícil que aprendas ciertas cosas”. Para fomentar la difusión de la música, y siendo aun estudiante, creó hace cinco años la Compañía de Música Contemporánea. Ensamble que hoy es cuerpo estable del departamento de Música de la U. de Chile. El gran salto lo dieron en 2010, año en que interpretaron unas 30 obras. Antes se movían entre una y dos anuales. “Nadie te prepara para hacer gestión. Un violinista estudia doce años y no sabe hacer un proyecto. Yo mismo los hago por intuición”, comenta Valenzuela.

Joven CREDIBILIDAD
Entre las dificultades para hacer gestión cultural siendo estudiante, según Valenzuela, están el financiamiento y el currículum: “Al partir, nadie te compra , nadie te cree”.

La supuesta inexperiencia de la juventud para gestionar proyectos, según Altamirano, es “un cliché”. Cree que en Punta Arenas los mayores obstáculos “están en las voluntades políticas hacia la cultura. Hay gente que tiene muchos contactos y como nosotros no entramos en esa lógica, no recibimos ciertos apoyos”. Sin embargo, el festival “Cielos del infinito” ha recibido Fondart. Tal como “Acción Sudaca” y “Libros de Mentira”. Valenzuela, en cambio, se ha desencantado del sistema: “No postulo al Fondart, no creo en esas instituciones”.

Esta mayor actividad de los jóvenes en la gestión cultural se debería, según Guerra, a un cambio de mentalidad: los proyectos no son tan puntuales como antes. “Ahora tienen perspectiva de proceso, se vinculan a la formación de audiencias, a propuestas editoriales, a la apertura de espacios permanentes”. Navarrete va más allá: “Los centros culturales están cada vez más abiertos a participar. Así se rompe el círculo que se da en las universidades, cuando tienes que crear obras como para ir a Alonso de Córdova. Hoy existen más espacios”.

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