Las herencias libias que están en peligro

Las ruinas arqueológicas del país africano -valiosas huellas del esplendor helénico y del ingenio de nómades y artesanos- son hoy mudos y frágiles testigos de los enfrentamientos entre partidarios y opositores al líder Moammar Jaddafi. La UNESCO ya ha movilizado a expertos y ciudadanos para proteger cinco Patrimonios de la Humanidad que conservan trozos de urbanismo, religión y arte propios de un mundo que ya no está pero que perdura en sus vestigios.

Patricio Contreras Vásquez

Leptis Magna: el esplendor bajo la arena
De origen fenicio, las ruinas se ubican a unos 120 kilómetros al este de Trípoli, la actual capital de Libia, y es considerada como una de las cumbres de la planificación urbana del mundo antiguo, gracias al impulso renovador de la dinastía romana de los Severos. Desde el siglo II d.C. sufriría, sin embargo, el convulsionado destino de las ciudades costeras del norte de África: saqueada y reconquistada por los bizantinos en el siglo IV, invadida por los árabes en el siglo XI. Las arenas ocultaron sus vestigios, hasta que las sucesivas excavaciones han sacado a relucir su esplendor. Su foro, la basílica y el arco de los Severos son ejemplos de arquitectura romana influida por el orientalismo. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1982.

El teatro y los combates de Sabratha
Distante a 60 kilómetros al oeste de Trípoli, Sabratha fue un puesto comercial fenicio que disfrutó de su mayor prosperidad durante los siglos II y III d. C. Al igual que Cirene, fue afectada por el terremoto del año 365, y luego las disputas religiosas y las invasiones marcaron su declive. De sus monumentos más famosos destaca el teatro, construido alrededor del reinado del emperador Cómodo (161-192 d.C.). La parte mejor conservada es la “scena”, subdividida en tres niveles con columnas de mármol; ahí podían asistir unas cinco mil personas. También se conserva el anfiteatro, cuna de enfrentamientos entre gladiadores y animales salvajes; sus túneles subterráneos, hoy al descubierto, testimonian el crudo peregrinar a la arena de combate. Actualmente Sabratha es una de las ciudades en disputa por las fuerzas opositoras y oficialistas.

Ghadames: la perla del desierto
Ghadames, una de las ciudades más antiguas del Sahara, se encuentra ubicada en un oasis, en la frontera con Argelia y Túnez, unos 500 kilómetros al sur de la capital de Libia. Pese a que ninguno de los edificios actuales data de la época berebere o de la dominación romana -cuando era conocida como Cydamus-, la ciudad desarrolló un estilo arquitectónico particular entre los poblados y villorrios del Sahara. La unidad básica son sus casas, de al menos dos pisos, hechas de mampostería de ladrillo o adobe de barro, y cubiertas de madera de palma. Su color blanco ilumina las estrechas callejuelas que se forman entre cada casa. Se le conoce como “la perla del desierto”.

Cirene: la ciudad de Apolo, según el poeta Píndaro
Ubicada a poco más de 200 kilómetros al este de Bengasi -sede opositora a Jaddafi-, Cirene fue una de las principales ciudades del mundo helénico y la más importante del continente africano. Fue, además, una polis apetecida: Alejandro Magno la conquistó, luego se anexó a distintos reinos y también fue romanizada a partir del siglo I a.C. Un terremoto acompañado de un maremoto, en el 365 de la era cristiana, marcó el inicio de su declive. Es uno de los complejos de ruinas más impresionantes del mundo. Sus edificios más importantes fueron las Termas de Trajano, restauradas en el siglo II, y el Santuario de Apolo. Los romanos transformaron el teatro griego en un anfiteatro, tal como lo harían en otras urbes helénicas. Aparte del riesgo por los actuales enfrentamientos, las ruinas de Cirene han sufrido las restauraciones inadecuadas, el robo y falta de seguridad.

El arte rupestre de Tadrart Acacus
Se trata de vestigios y pinturas -cuyas fechas de creación fluctúan entre el siglo XII a.C. y la primera centuria de nuestra era- que reflejan, como una rústica enciclopedia, los cambios en la flora y fauna de la región, así como los modos de vida de las poblaciones del Sahara. Tadrart Acacus, antes una sierra montañosa, hoy un desierto, alberga paisajes impensables: dunas interminables, rocas erosionadas en formas insólitas, peñascos que emergen de la arena, arcos petrificados. Las pinturas y grabados se encuentran dispersos en casi todos sus valles, y reflejan los cambios en el ecosistema: de los elefantes y rinocerontes de la época naturalista (12.000 al 8.000 a.C.) a los bovinos, equinos y dromedarios, un animal común en nuestro tiempos. La Unesco declaró este arte rupestre como Patrimonio de la Humanidad en 1985, y hoy no sólo los enfrentamientos cívico militares ponen en jaque su integridad, pues la búsqueda de petróleo también se asoma como una amenaza.

Publicado en “Artes y Letras”, El Mercurio

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