El hombre invisible y la ciencia sin ética

¿Puede la ciencia convertirse en una amenaza cuando se mueve por el ego? En la edición #93 de mi newsletter Hipergrafía, me sumergí en El hombre invisible, de H. G. Wells, un clásico que leí gracias a un regalo de cumpleaños.

Más allá de la anécdota, el libro abre preguntas que todavía resuenan con fuerza.

Wells escribió la novela en 1897, en plena efervescencia científica. Griffin, su protagonista, representa el lado oscuro de ese impulso: un científico brillante que logra volverse invisible, pero cuya invención lo consume. Aislado, paranoico y hambriento de poder, Griffin encarna una advertencia sobre el conocimiento sin responsabilidad.

En el boletín repaso no solo la novela, sino también las cartas que Joseph Conrad le escribió a Wells, los paralelos con Ciencia oscura de Gabriel León y las múltiples interpretaciones que ha generado esta obra: desde una crítica al cientificismo victoriano hasta una metáfora sobre la marginación social.

Estos son algunos de los temas que abordo:

  • El realismo de lo fantástico: cómo Wells logra describir lo invisible con precisión física.
  • La ética científica: qué ocurre cuando la ambición eclipsa la colaboración y el cuidado.
  • El monstruo solitario: por qué Griffin se siente fuera de la humanidad y decide enfrentarla.

Más de un siglo después, El hombre invisible sigue siendo inquietante. Tal vez porque, como dice uno de los personajes, el verdadero peligro no es lo que no se ve, sino lo que se cree tener derecho a hacer sin ser visto.

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Soy Patricio Contreras, periodista especializado en newsletters y contenidos con propósito.
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