Marcelo Castillo: “En los medios del grupo Copesa el Colegio de Periodistas no existe”

El presidente del Colegio de Periodistas no se guarda nada: defiende su gestión dirigiendo La Nación, critica a Copesa por no informar las actividades de la Orden y le baja las revoluciones a quienes creen que las redes sociales son la panacea para las asimetrías en la entrega de la información.

Marcelo Castillo

Fray Camilo Henríquez vigila la oficina de Marcelo Castillo, presidente del Colegio de Periodistas. Ya sea en su escritorio —un pequeño busto con apariencia de pisapapeles— o en un cuadro colgado en la pared, el fundador de la Aurora de Chile es un símbolo ineludible en la historia de la Orden.

Pero en esta oportunidad Castillo abjura del pasado y se aboca al presente y a los desafíos mediatos de la profesión en nuestro país. El pasado 11 de marzo fue su último día como director de La Nación —cargo que ocupó durante veinte meses— y a comienzos de septiembre se instaló a la cabeza del órgano gremial, donde ha dirigido innumerables acciones para evitar el anunciado cierre del periódico que fundara Eliodoro Yáñez.

Desde esa posición Marcelo Castillo conversó con Puroperiodismo sobre el estado actual del Colegio de Periodistas, anunció la creación de una agencia acreditadora de escuelas de periodismo, cuestionó la desmedida sobrevaloración de la tecnología y las redes sociales, y reconoció la vergüenza que le causa la página web del Colegio de Periodistas. También se refirió a los problemas que el artículo 161-A del Código Penal suponen para un ejercicio pleno del periodismo.


Parte 1: «No veo a nadie impulsando un proyecto para que La Nación se convierta en un medio público»
Parte 2: «En los medios del grupo Copesa el Colegio de Periodistas no existe»
Parte 3: «No nos creamos tanto el cuento de que Twitter y las redes sociales democratizan por sí solos»
Parte 4: Sobre la detención de Marcelo Garay y el artículo 161-A
Parte 5: «Es fundamental generar estándares que nos permitan tener una idea común de periodismo de calidad»


«No veo a nadie impulsando un proyecto de ley para que La Nación se convierta en un medio público»

¿Qué aspectos destaca de su dirección en La Nación?
Yo creo que hicimos una gestión excelente. Yo destacaría nuestro permanente esfuerzo por diversificar las fuentes de información en el diario. Una de mis primeras acciones como director fue reunirme con el presidente de la CUT, con el presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio, con el presidente de la ANEF, con el presidente de la Conapyme; y plantearle a todos ellos que nos interesaba que fueran columnistas en el diario y tuvieran una participación activa. Las respuestas fueron muy variadas. Entre los menos activos estuvo la Confederación de la Producción y el Comercio, porque ellos como grandes empresarios tienen muchas oportunidades en medios. Lo que buscamos fue abrir el diario a las expresiones vivas de la sociedad. También en el mundo político. Todos los presidentes de partidos fueron invitados a ocupar las páginas del diario. La respuesta fue premonitoria: la aprovecharon los partidos de centro e izquierda, pero las expresiones de derecha nunca quisieron estar. Creo que el plan de cerrar La Nación fue un plan que ellos tenían concebido hace mucho tiempo, no es una cuestión que haya sucedido ahora.

¿El cierre de la edición en papel es una decisión política, o también influye un debilitamiento progresivo del diario?
Aquí hay un montón de lugares comunes que son más bien ideología. Hablar de ‘debilitamiento progresivo’ no se sostiene en las cifras que entrega la Asociación Nacional de la Prensa a través del Instituto de Verificación de Lectoría que muestran que, de fines de 2006, en las encuestas de lectoría La Nación fue subiendo progresivamente sus niveles hasta llegar a un promedio mensual de treinta mil lectores diarios, y que pasó en su sitio web de una cantidad de visitantes únicos de aproximadamente 700 mil a 950 mil. Entonces, no había un progresivo deterioro, al contrario.

Eso es en términos cuantitativos. Pero había un sector de derecha que sentía que el diario no era tribuna para ellos y lo iban deslegitimando, minando…
Sí, indudablemente que había un problema de ese tipo. A mí me gustaría que alguna facultad de comunicación hiciera un estudio de los últimos tres años del diario La Nación y que cuantifique la cantidad de información con fuentes de dirigentes de partidos de derecha, y te aseguro que no va a ser menos del cuarenta por ciento. Nosotros entrevistábamos todos los domingos al menos a un dirigente de RN o la UDI. Una cuestión es la decisión política que hayan tomado ellos, pero otra cosa era la realidad, y esa realidad no se condice con todos estos argumentos. Hay un dicho que me ha dado vuelta en la cabeza: la historia la escriben los triunfadores, y como ellos ganaron la elección, están escribiendo la historia como les gusta. Pero no quiere decir que sea la realidad.

Cuándo dejó la dirección del diario en marzo, ¿pensó que se concretaría el cierre anunciado?
Sí, yo creí que iba a pasar mucho antes en realidad. Pensé que se iba a cerrar por ahí por el 30 de marzo. Por qué no se dio así, yo tengo mi hipótesis. En los primeros meses del Gobierno de Sebastián Piñera, quedó muy en evidencia que el apoyo al Gobierno era mayor que el apoyo al Presidente. En ese contexto, tengo la impresión, Sebastián Piñera pensó que La Nación era un buen instrumento para que él tuviera una llegada más directa a la ciudadanía. Creo que esta idea del ‘diario ciudadano’ bajo la dirección de Mirko Macari obedece a esa evaluación. Lamentablemente, fue una iniciativa que duró 24 horas. Yo no concuerdo con el perfil editorial de Mirko Macari, pero me parece que habría sido la mejor de las salidas, porque por lo menos él es un periodista que tiene criterios profesionales para enfrentar su trabajo, y podría haber hecho un aporte. No fue sorpresa, pensé que iba a ser antes, y, como he dicho en otras partes, al menos esta promesa de campaña se cumplió.

¿Es inexorable el cierre?
Sólo la muerte física de las personas es inexorable. Pero creo que es poco probable que podamos revertir la situación. Nosotros tenemos la intención de usar todos los recursos legales y legislativos para que La Nación siga existiendo, ojalá en mejores condiciones que antes.

¿Mejores condiciones a través de un estatuto de autonomía como el de TVN?
Claro, eso es lo que nosotros queremos como Colegio de Periodistas, lo que nos parece adecuado.

¿Hay voluntad política para alcanzar esa decisión?
Yo creo que no hay mucha voluntad política, para serte franco. Porque voluntad significa empujar el carro en determinado sentido, y yo no veo a nadie —literalmente a nadie— impulsando un proyecto de ley para que La Nación se convierta en un medio de comunicación público. De esto es tan responsable la bancada de diputados del Partido Comunista como la del PRI, como la de la DC, del PPD, del PS. No hay una conciencia clara en nuestro mundo político de la importancia de democratizar las comunicaciones en Chile.

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«En los medios del grupo Copesa el Colegio de Periodistas no existe»

¿Cuál es el objetivo del Colegio de Periodistas en el siglo XXI?
Nuestro objetivo fundamental es ser garantes de la libertad de expresión; es un compromiso con la ciudadanía. Entendemos que el Colegio existe en tanto la sociedad necesita que existan actores que le garanticen la calidad de la información. Hoy día en materia de libertad de expresión tenemos pocas restricciones que vengan de la autoridad, o presiones que vengan de grupos sociales o delictuales. Pero tenemos problemas desde el punto de vista del derecho a la comunicación porque la propiedad de los medios de comunicación está concentrada en pocas manos. Los ciudadanos, las organizaciones sociales, no tienen hoy un acceso suficiente para poder sentir que los medios de comunicación efectivamente recogen sus puntos de vista y los representan. Nosotros como Colegio de Periodistas somos víctimas de esta situación. Por ejemplo, en los medios del grupo Copesa el Colegio de Periodistas no existe. No es que nos publiquen poco o nos coloquen letra chiquitita. No existe; nunca vas a encontrar la palabra Colegio de Periodistas.

¿Tienen alguna explicación para eso?
No, la verdad es que no. Yo creo que en algún momento la vamos a pedir.

¿Es previo a su llegada?
Yo creo que sí. Como contrapartida, los diarios de la cadena El Mercurio nos consideran, no te voy a decir que nos dan grandes espacios para expresar nuestros puntos de vista, pero nos consideran. Siempre medio marginal.

¿El Colegio ha perdido su rol como referente en la opinión pública?
Sin duda, la situación del Colegio al momento de nosotros asumir como Consejo Nacional es una situación de bastante debilidad. Lo que yo siempre he planteado es que es una situación similar a la de todas las organizaciones sociales en Chile.

Una de las demandas del Colegio es recobrar la tutela ética de la profesión, hoy en manos de los tribunales de justicia.
Hay un proyecto en el Congreso sobre colegios profesionales donde justamente se establece esta opción de retomar esa tutela ética. Lo que a mí me pasa —una visión bien personal— es que hay ciertos derechos que hay que ejercerlos más que cacarearlos. Y en este caso, si nos quedamos esperando que la ley sea la que resuelva todos los temas, vamos a morir esperando. En las leyes hay muchos más derechos en materia de comunicación de lo que nosotros creemos, pero no se ejercen, son letra muerte. Y los medios de comunicación no están ni ahí por hacerlos valer. Como Colegios tenemos que entregarle estos instrumentos a la población, ayudarla a establecer una relación más horizontal con los medios.

¿Cuál es el perfil actual del periodista colegiado?
Según un estudio reciente, aproximadamente el 16 por ciento de los periodistas declaran estar colegiados. Nosotros tenemos cinco mil fichas de colegiatura; hay cinco mil periodistas que alguna vez presentaron su colegiación y fueron aceptados. De esos cinco mil, están con sus cuotas al día aproximadamente quinientos. Ojo, nosotros estamos apuntando a que muchas personas que no están colegiadas participen en las actividades del Colegio, porque nos interesa crecer. La situación es muy distinta a la que existía cuando era obligación estar colegiado para poder ejercer la profesión. Y es distinta a otros colegios profesionales que mantienen todavía ciertas facultades de control sobre el ejercicio profesional, como es el caso del Colegio Médico. Nosotros buscamos ampliar las áreas de influencia del Colegio.

Cuando dice ampliar, ¿cuál es el punto de partida? ¿Qué hay hoy en el Colegio, hacia dónde quieren moverse?
Segmentemos. Yo diría que los colegiados son mayoritariamente hombres, mayores de 35 años, con sueldos como periodistas, cualquiera sea su actividad, relativamente bajos. Entre el cuarenta y el cincuenta por ciento trabaja en el sector público, el treinta en medios y un veinte por ciento son trabajadores por cuenta propia. Los periodistas que son conocidos, de la televisión, generalmente no están colegiados. Digo generalmente, porque uno puede encontrar ejemplos importantes como Alejandro Guillier, que fue hace poco presidente del Colegio, u otros periodistas de ese nivel, como Sergio Campos. O personajes como Harold Mayne-Nicholls, que sí está colegiado. O el director de El Mercurio, que también está colegiado. El Colegio, desde el punto de vista cualitativo, de la variedad de funciones que cumple, creo que es representativo.

Ha hablado que los medios grandes no les ofrecen tribuna. ¿Cómo está la relación del Colegio con las escuelas de periodismo, con la academia?
Hemos recibido varias ofertas de escuelas que quieren trabajar con el Colegio en estos últimos dos o tres meses. Se están abriendo oportunidades. Un paso que nos falta dar es establecer una relación más institucional con las direcciones de las escuelas de periodismo. Nosotros estamos trabajando en una iniciativa que planteamos durante la campaña, que es crear una agencia acreditadora de escuelas de periodismo al alero del Colegio. Uno de los problemas con que topamos es que, en este momento, las escuelas no están organizadas a nivel académico; esta organización que sí tienen los estudiantes no existe en el caso de las escuelas.

¿Qué diferenciaría a esta agencia acreditadora de la Comisión Nacional de Acreditación?
Nuestra agencia, como está planificada, sería parte del sistema de acreditación nacional. La diferencia fundamental que marcaríamos es que en la medida que nosotros seamos capaces —y creo que lo somos— de poner a trabajar en esa agencia a académicos de dilatada trayectoria, con grados de doctor, evidentemente nos vamos a legitimar ante el mundo académico.

Usted plantea esa agencia como un modo de acercarse a las escuelas de periodismo, pero también se podría pensar que es un mecanismo para controlarlas.
Yo creo que el control social es bueno. Y efectivamente hay una forma de control social implícita en la existencia de la agencia. La idea de la agencia de acreditación tiene que ver con la calidad de la información que recibe la ciudadanía. Qué decimos nosotros: como Colegio de Periodistas vamos a garantizar que la formación que reciben los profesionales de la comunicación es la adecuada, y para eso creamos esta agencia. Es absolutamente coherente con la visión de lo que nosotros creemos que tiene que hacer el Colegio. Tú me hablas de control; sí, efectivamente.

¿Tienen un plazo para implementar esta agencia?
Se va a concretar durante el 2011.

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«No nos creamos tanto el cuento de que Twitter y las redes sociales democratizan por sí solos»

¿Se observa un periodismo de calidad en Chile, o son más bien excepciones?
Yo creo que lamentablemente son más bien excepciones. Un periodismo de calidad también tiene que ver con que en el proceso de elaboración de información tengamos la capacidad de escuchar, de establecer un proceso que sea absolutamente horizontal, de relación con las fuentes. Una de las cosas que le cuesta mucho al periodismo chileno es escuchar otros puntos de vista, otras formas de abordar la información. Hay poco periodismo de calidad. Tenemos un periodismo que está excesivamente regido por el rating, la lectoría, la audiencia, que más bien le entrega al lector o al auditor lo que quiere escuchar o ver y que hace muy poca reflexión crítica, que interactúa poco con la audiencia. Los procesos de comunicación tienden a empobrecerse, son verticales, unilaterales, tienden a ser bastante discriminatorios, a crear estereotipos de lo que debemos ser en lugar de construir una identidad de país de manera conjunta, integradora. Tenemos mucho trabajo por hacer.

Los medios digitales quiebran la transmisión unidireccional del mensaje.
Los medios digitales son un gran aporte a la democratización de las comunicaciones.

Aunque el acceso a internet es masivo sólo dentro de algunos grupos.
Yo creo que hay una cierta mitificación en el sentido de que el solo hecho de que exista esta posibilidad tecnológica hace que las comunicaciones sean más abiertas, más integradoras. Yo creo que ahí hay un error, porque perfectamente estas tecnologías pueden seguir centralizando la capacidad de comunicar en muy pocas manos. Lo que uno necesita aquí es una cierta fortaleza que no la tienen todos por igual. Es muy parecido a lo que pasa con cualquier medio de comunicación.

¿Cómo cuál?
Yo ponía como ejemplo que Twitter parecía ser una apertura total a nuevas fuentes de información, y sin embargo, cuando se hace la encuesta de los diez twitteros más seguidos en Chile, los dos que encabezan la lista son lectores de noticias de televisión, Soledad Onetto y Mauricio Bustamante. Dentro de los diez primeros debe haber un tuitero que no es parte del establishment comunicacional. Entonces yo digo: ‘oye, no nos creamos tanto el cuento de que Twitter y las redes sociales democratizan por sí solos’. Pero yo creo que hay una posibilidad, un potencial. Por ejemplo, esto de que un lector inmediatamente pueda comentar una noticia y dar su opinión y prácticamente crear una noticia a partir de otra. Eso me parece fantástico, una gran oportunidad.

Desde que usted preside el Colegio se ha notado un cambio en la publicación de contenidos de su página web, actualizan con mayor frecuencia, hay más elementos visuales.
¡Qué bueno que alguien se dé cuenta!

Pero el Colegio todavía no se vincula con las redes sociales.
Una de las primeras cuestiones que yo hice cuando llegué al Colegio fue reunirme con… pregunté quién maneja el sitio web. ‘No, hay un webmaster’. Me costó encontrar al webmaster. Le dije: ‘Nosotros somos periodistas y esto parece casa de herrero cuchillo de palo. Una página web que da vergüenza’. Como dices tú: ha mejorado, pero todavía me da vergüenza. Entonces le pregunto yo: ‘¿Y qué periodista está a cargo del sitio web’? Me dijo: ‘No hay nadie, la verdad es que me llega muy poca información. Además, yo no soy periodista, son ingeniero de informática’. Hemos cambiado radicalmente ese criterio.

¿Ahora tienen un periodista?
Cuatro miembros del Consejo Nacional recibimos claves para entrar al sitio web y poder ir enriqueciéndolo. Hoy hay más información, hay imagen, ha mejorado, se suben dos o tres informaciones a la semana. Pero estamos muy lejos de que el sitio web sea lo que yo espero. Yo quiero que exista un blog de opiniones donde cada uno pueda plantear su punto de vista. Estamos creando una bolsa de trabajo que ha sido un parto. Lo que necesita nuestro sitio web es una reingeniería total. Es un tema central: usar los medios digitales para tener una relación mucho más estrecha con los colegiados. Hay señales de que ese es el camino que tenemos que seguir.

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El caso de Marcelo Garay y el artículo 161-A

Un grupo de diputados presentó un proyecto para derogar el artículo 161-A del Código Penal. ¿Qué alternativas han explorado como Colegio? ¿Apostar únicamente por la sanción civil, promover un cuerpo legal de protección a la vida privada?
Este artículo del Código Penal, aplicado de una manera general, es una seria limitación al ejercicio de la profesión de periodista. Yo creo que conociendo la experiencia general a nivel mundial, respecto de la protección de la privacidad de las personas y libertad de expresión, lo lógico es que esto fuera materia del derecho civil y no del derecho penal. Me atrevería a decir que en función de conseguir que efectivamente este proyecto avance, es posible que la salida sea aplicar situaciones eximentes respecto de la función periodística. Porque el artículo 161-A lo que condena es tomar imágenes dentro de un recinto privado. Uno dice ‘la vida del periodista está llena de esas situaciones’. Tendría que haber mucha gente presa. Cuando se trata de realizar la función periodística, lo que tiene que primar es el interés público por la información, y por lo tanto no se pueden aplicar estos criterios que son propios de una información personal. Eso es lo que tiene que quedar en la ley.

¿Qué novedades hay en el caso del consejero Marcelo Garay?
Entiendo que la fiscalía retiró los cargos. Yo no he hablado con él, yo tenía que ir el lunes al juicio, porque soy testigo [era director de La Nación cuando Garay tomó las fotografías], pero Marcelo me pidió que no fuera porque el juicio se iba a suspender y me enteré a través de otras personas, y no de él, que la fiscalía había retirado los cargos. Quiero llamarlo para preguntarle más detalles.

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