Citas de La Celestina

Portada de La CelestinaUn mundo de solitarios obsesivos-compulsivos, un mundo sin Dios, un mundo de ambición y codicia. Se dice que si Cervantes no hubiese escrito el Quijote, La Celestina, obra del bachiller Fernando de Rojas -si le concedemos la autoría-, sería la más importante de la literatura castellana. Aquí, en Cosmópolis, les ofrecemos algunas citas:

Melibeo soy, y a Melibea adoro, y en Melibea creo, y a Melibea amo (CALIXTO).

Has de saber, Pármeno, que Calixto anda de amor quejoso. Y no lo juzgues por eso por flaco, que el amor impervio [imposible] todas las cosas vence. Y sabe, si no sabes, que dos conclusiones son verdaderas: la primera, que es forzoso el hombre amar la mujer y la mujer al hombre; la segunda, que el que verdaderamente ama es necesario que se turbe con la dulzura del soberano deleite, que por el Hacedor de las cosas fue puesto, porque el linaje de los hombres se perpetuase, sin lo cual perecería (CELESTINA).

De los hombres es errar, y bestial es la porfía (CELESTINA).

Eres mi señora. Téngote de callar, hete yo de servir, hasme tú de mandar. Tu mala palabra será víspera de una saya (CELESTINA).

Verdad es; pero mal conoces a Celestina. Cuando ella tiene que hacer, no se acuerda de Dios ni cura de santidades. Cuando hay que roer en casa, sanos están los santos; cuando va a la iglesia con sus cuentas en la mano, no sobra el comer en casa. Aunque ella te crió, mejor conozco yo sus propiedades que tú. Lo que en sus cuentas reza es los virgos que tiene a cargo, y cuántos enamorados hay en la ciudad, y cuántas mozas tiene encomendadas, y qué despenseros le dan ración y cuál mejor, y cómo les llaman por nombre, porque cuando los encontrare no hable como extraña, y qué canónigo es más mozo y franco. Cuando menea los labios es fingir mentira, ordenar cautelas para haber dinero: por aquí le entraré, esto me responderá, esto replicaré. Así vive esta que nosotros mucho honramos (SEMPRONIO).

Así goce de mí que es verdad; que éstas que sirven a señoras ni gozan deleite, ni conocen los dulces premios del amor (AREUSA).

Habla cortés, madre, no digas tal cosa, que dirán estos mozos que estás loca. Melibea es mi señora, Melibea es mi Dios, Melibea es mi vida; yo su cautivo, yo su siervo (CALIXTO).

-¿Quién soy yo, Sempronio? ¿Quitásteme de la putería? Calla la lengua, no amengües mis canas. Que soy vieja tal cual Dios me hizo, no peor que todas. Vivo de mi oficio, como cada cual oficial del suyo, muy limpiamente. A quien no me quiere no lo busco. De mi casa me vienen a sacar, en mi casa me ruegan. Si bien o mal vivo, Dios es testigo de mi corazón (CELESTINA).

-¡Ay prima mía y mi amor! Sempronio y Pármeno ya no viven, ya no son el mundo. Sus ánimas ya están purgando su yerro. Ya son libres desta triste vida (ELICIA).

Y tú, Elicia, alma mía, no recibas pena. Pasa a mi casa tus ropas y alhajas y vente a mi compañía, que estarás allí mucho sola, y la tristeza es amiga de la soledad (AREUSA).

-¡Oh la más de las tristes triste! ¡Tan poco tiempo poseído el placer, tan presto venido el dolor! (MELIBEA).

-¿Por qué te mostraste tan cruel con tu viejo padre? ¿Por qué me dejaste penado? ¿Por qué me dejaste triste y solo in hac lachrymarum valle? (PLEBERIO).

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