Diversidad y desigualdad en Play

Visita el sitio oficial de la películaPCV.— El cine, dice el historiador francés Marc Ferro, entrega una visión particular. «Agente de la historia y documento de la historia, la película es también un objeto cultural de la sociedad que la produce, de la sociedad que la recibe»[1]. Eso puede explicar, en parte, que los elogios a la cinta Play, dirigida por Alicia Scherson, apunten a su rol como espejo social: «Un sofisticado tapiz social de Santiago», dice el crítico Stephen Holden, del The New York Times. «Una reflexión sobre lo azaroso de la vida en una ciudad moderna», propone Kevin Canfield, de The Jornal News[2].

Prescindiendo de la valoración positiva o negativa del trabajo de Scherson, su película bien puede constituirse —como dice Ferro— en un «objeto cultural» y, por tanto, ser diseccionada de acuerdo a las luces y pistas que su contenido entrega sobre el Chile de los últimos años. La ensayista Susan Sontag, pese a plantearse contraria a los ejercicios de interpretación modernos, sostiene que esta labor es, esencialmente, un trabajo de traducción[3]. Si se produce un traspaso de lenguaje —principalmente en los textos literarios—, la dificultad de la traducción estriba en el uso adecuado de las palabras, de sus formas sintácticas, de su verdadero significado. Con la obra de Scherson trataremos de concretar un análisis así: una traducción.

Play nos presenta un Santiago extenso, amplio, diverso. Es el Santiago democrático, privilegiado por la abundancia consumista derivada de las reformas neoliberales implementadas durante la dictadura. Es una ciudad en castellano e inglés; el título de la película es paradigmático del amancebamiento lingüístico. Los pasatiempos de los santiaguinos son los videojuegos nipones, violentos y fantásticos. Sus habitantes sueñan con estos juegos, como Cristina, la nana mapuche que le gusta caminar por el centro de la capital, perdiendo su vista en el resto.

Pero Santiago es, pese a su ruido mundano, silenciosa. El autismo de sus ciudadanos se refleja en el ensimismamiento melómano —única fuente de sonido—, amparado por la tecnología revolucionaria del mp3: fiel compañero de mil viajes, la música se erige como el mejor amigo del santiaguino. Cristina se viste con la vida de Tristán al escuchar lo que él escucha. La vida encerrada en el maletín que encuentra le permite a ella acceder a un mundo separado por las distancias geográficas, por la irregularidad de la tierra. La música es el espejo de una persona.

Cristina despliega su afán voyerista. Invade —sin que nadie se entere— la vida de Tristán e Irene. Entra en su hogar, viste sus ropas, los observa. Satisface una necesidad de conocer al otro. Es el voyerismo real, palpable, distinto a la ojeada que hoy nos permiten las redes sociales o los fotolog. Distinto, también, del vistazo fugaz que nos brindan los programas televisivos que buscan emular la realidad, insertándola en un show.

La ciudad, sus trabajos, sus oficios, dan cuenta de las paradojas de la vida. Milos, el anciano húngaro custodiado por Cristina, goza de la lectura que esta hija de la tierra le brinda. La revista National Geographic resume una dicotomía: la historia de los pueblos originarios de la región del Amazonas, amenazados por la mano despreocupada del hombre civilizado. Todo en boca de una mapuche contagiada por este influjo poderoso: el capitalismo, el libre mercado, la abundancia de producción y la facilidad en el consumo hacen de Cristina —permeada por la vida de maletín de Tristán— un híbrido social, un espécimen inclasificable para los científicos sociales pero correctamente delineado para los publicistas.

Algunas reflexiones finales

Hemos realizado un pequeño ejercicio de interpretación. Y siguiendo a Sontag, de cierto modo hemos alterado el texto de acuerdo a nuestras exigencias como lectores[4]. Pero en ningún momento nuestro análisis expresa insatisfacción frente al objeto artístico. No deseamos domesticar la obra para entenderla o porque deseamos reemplazarla por algo distinto. Creemos que, a diferencia de Sontag, comprender sí es interpretar, aunque no sea el único modo de abordar un texto.

Si bien no se refiere al cine ni al arte, Ignacio Ramonet, ex director de Le Monde Diplomatique, ha analizado extensamente el papel que le cabe a la televisión dentro de nuestras fuentes de información. Monopolista del tiempo libre de las personas, la televisión ha llevado a la prensa a una crisis, y la transmisión del acontecimiento en vivo deja con la falsa sensación de que ver es comprender. «El objetivo prioritario para un telespectador —explica Ramonet—, su satisfacción, ya no es comprender el alcance de un hecho, sino simplemente ver cómo éste se desarrolla»[5].

Esta última reflexión sirve para englobar el punto de vista con que hemos analizado Play: la mirada conceptual, utilitaria, de los objetos culturales —léase artísticos, comunicacionales, etc.— al momento de ser abordados por el científico social.

 


[1] Ferro, Marc; Diez lecciones sobre la historia del siglo XX (México: Siglo Veintiuno Editores, 2003), p. 115
[2] Para un abanico mayor de críticas, ver http://www.playpelicula.cl
[3] Sontag, Susan; Contra la interpretación (España: Editorial Seix Barral, 1984), p. 18
[4] Sontag, Susan; op. cit., p. 18
[5] Ramonet, Ignacio; La prensa. ¿Refleja la realidad? (Santiago: Editorial Aún Creemos en los Sueños, 2003), pp. 9-10

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