El conflicto en Fuenteovejuna, de Lope de Vega

Lope de VegaPCV.— En 1610, el español Féliz Lope de Vega y Carpio escribió su obra Fuenteovejuna, quizás una de las más recordadas y representadas de su prolífica producción literaria. Lope, uno de los representantes del Siglo de Oro español, ideó una obra de contenido social que pone en el centro el actuar del pueblo frente al abuso del poder. Ambientada en la época del reinado de los Reyes Católicos, Fuenteovejuna —en tres actos— está dotada de múltiples interpretaciones. Para iniciar un análisis, presentamos una narración enmarcada en los momentos previos al clímax de la obra:

«Llevóme de vuestros ojos
A su casa Fernán Gómez:
La oveja al lobo dejáis
Como cobardes pastores,
¿Qué dagas no vi en mi pecho?
¡Qué desatinos enormes,
Qué palabras, qué amenazas
Y qué delitos atroces,
Por rendir mi castidad
A sus apetitos torpes!
Mis cabellos ¿no lo dicen?
¿no se ven aquí los golpes
De la sangre y las señales?
¿Vosotros sois hombres nobles?
¿Vosotros padres y deudos?
¿Vosotros, que no se os rompen
Las entrañas de dolor,
De verme en tantos dolores?
Ovejas sois, bien lo dice
De Fuenteovejuna el nombre.
Dadme unas armas a mí,
Pues sois piedras, pues sois bronces,
Pues sois jaspes, pues sois tigres…
—Tigres no, porque feroces
Siguen quien roba a sus hijos,
Matando los cazadores
Antes que entren por el mar
Y por sus ondas se arrojen.
Liebres cobardes nacistes;
Bárbaros sois, no españoles.
Gallinas, ¡vuestras mujeres
Sufrís que otros hombres gocen!».

Su autora es Laurencia, hija de Esteban, alcalde de Fuente Ovejuna, quien se convierte en el nuevo objeto de deseo del Comendador Fernán Gómez, un encantador de «mozas» de la villa que «andan ya descalabradas»[i]. Como veremos, la alocución de Laurencia será el catalizador de la ira del pueblo en contra del déspota del Comendador.

El conflicto político de la obra se encarna en la figura de Fernán Gómez, quien ostenta el poder propio de la sociedad feudal que, en la España de fines del siglo XV, comenzaba su retirada. Fernán, representante de la vieja nobleza feudal —que protegía y, a la vez, abusaba—, es la antípoda del nuevo poder de los Reyes Católicos: central, modernizado, justo.

Al comenzar el Acto III, Laurencia logra escapar después de que el Comendador irrumpiera en su boda con Frondoso, lo metiera preso, se la llevara y la ultrajara. Cuando el pueblo discute qué hacer con Fernán Gómez, Laurencia vuelve maltrecha y los increpa:

«la oveja al lobo dejáis,
como cobardes pastores
»[ii].

Sus palabras apuntan a la parsimonia con que los hombres de Fuente Ovejuna encaran el derecho de pernada que ejerce el Comendador:

«Dadme unas armas a mí,
pues sois piedras, pues sois bronces
»[iii].

También denuncia, con diversos epítetos, el miedo que demuestran: «liebres cobardes», «gallinas», «bárbaros». Finalmente, cuestiona su honorabilidad: «¿Vosotros sois hombres nobles?».

El discurso de Laurencia es de una violencia verbal inusitada y activa la reacción de las masas de Fuente Ovejuna. Mengo, el labrador chistoso, abandona su donosura y arenga a su gente:

«Ir a matarle sin orden.
Juntad al pueblo a una voz;
que todos están conformes
en que los tiranos mueran
»[iv].

La decisión ya está tomada y la responsabilidad será común. Ni uno, ni dos, sino que todos. Fernán Gómez, el tirano, será ajusticiado por Fuente Ovejuna.

Se presenta, así, un conflicto anexo al problema político histórico que Lope plasma en la obra. El levantamiento del pueblo contra el Comendador es la sublevación del vasallo frente a su señor. Aburridos de los abusos, de los derechos sexuales, el deshonor y la ignominia, los fuenteovejuninos aniquilan a su tirano, el pueblo es sustraído de la Orden de Calatrava —poderío feudal, religioso y militar— y pasa a manos de los Reyes Católicos. Pese a que la justicia ha sido ilegal, el beneplácito de la realeza lo legitima, pero con reproches: la centralidad del poderío monárquico, dice Lope, no debería ser puesto en duda.

La muerte de Fernán Gómez es la estocada al sistema feudal ya en crisis. Los villanos, devenidos en sujetos históricos, lo demuelen y asumen colectivamente la responsabilidad. Siguiendo a Rinaldo Froldi, Lope trata de decirnos que los labradores y hombres comunes de Fuente Ovejuna —ecos de una tradición pastoril— son el núcleo valórico delegado por Dios. «La escena final de la reconciliación —dice Froldi— parece volver a proponer, en términos políticos, lo que es el perseguido ideal de una armonía que la población del campo conocía, pero que había sido violada por una autoridad injusta y tiránica»[v].


[i] Lope de Vega, Félix; Fuente Ovejuna (España: Espasa Calpe, 2003), p. 48
[ii] Lope de Vega, Félix; op. cit., p. 110
[iii] Lope de Vega, Félix; op. cit., p. 111
[iv] Lope de Vega, Félix; op. cit., p. 113
[v] Lope de Vega, Félix; op. cit., p. 16

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