Reconstrucción: fidelidad al pasado o reinterpretación moderna

No hay acuerdo entre los arquitectos, ni entre las autoridades de los pueblos dañados por el sismo. Materiales y diseños originales para reconstruir casas y cuadras destruidas, o bien olvidarse de la nostalgia y aplicar tecnología conservando sólo el “espíritu” de lo que desapareció. Son cientos los pueblos afectados. “Artes y Letras” decidió consultar a distintos especialistas.

Patricio Contreras Vásquez

Hernán Rodríguez: “Conservar sólo formas puede resultar una falsa ‘arquitectura chilena'”
La alternativa que se tome dependerá de la mayor o menor singularidad del poblado, su historia, importancia local o identitaria, o de su trascendencia nacional, en el caso de los monumentos nacionales. Puede que en un poblado tenga sólo un sector para restaurar tal como era y no la totalidad. Basta una plaza, una esquina, una casa, un trozo de calle para conservar la memoria colectiva de una comunidad.

No es blanco y negro, sino una variedad de matices donde también inciden el deseo y compromiso de los vecinos, a los que debe consultarse.

Conservar formas e ideas y no la materialidad original puede lograr resultados razonables, pero también una falsa y equívoca “arquitectura chilena” que puede destruir la verdadera. Sobran estos ejemplos y, lamentablemente, son escasos los primeros, que ya se intentaron en otros terremotos y otras regiones.

Mantener o reconstruir fielmente lo que había puede hacerse, siempre que se salven dos obstáculos: la capacitación de constructores y maestros incorporando tecnologías ya probadas en muchos países sísmicos, y desarrollar líneas de financiamiento y respaldo para que, vecinos o municipios, puedan acometer esta opción. Caso aparte es la reconstrucción de grandes edificios públicos que se dañaron o cayeron -mayoritariamente iglesias- donde la seguridad de los usuarios obliga a utilizar estructuras compuestas -con madera o metal- o nuevas estructuras.

Raimundo Lira: “Recuperar la imagen urbana, pero con materiales antisísmicos”
El oficio para recuperar las construcciones con técnicas ancestrales se halla casi extinto y los esfuerzos que se están haciendo para recuperarlo van orientados hacia la reconstrucción patrimonial que debe entenderse como la intervención de aquellas construcciones que tienen o tenían un interés histórico y arquitectónico tal que merecen el esfuerzo de reconstruirlas para conservar la historia y la memoria de los pueblos. Los edificios declarados como monumentos nacionales o de interés histórico y otros que no alcanzaron esas categorías, pero sí vale la pena recuperarlos, deben reconstruirse con las técnicas originales, incorporando las recomendaciones de la técnica contemporánea.

Distinto es el caso de las construcciones nuevas en terrenos que quedaron vacíos y que conformaban la imagen urbana de los pueblos del Valle Central, donde lo que importa es recuperar la configuración de la calle compuesta típicamente por casas de fachada continua con y sin corredor y que muchas veces acompañaban a construcciones patrimoniales. La imagen urbana está constituida por el volumen construido, compuesto por techos a dos aguas con determinadas pendientes de techumbres, alturas de construcciones y proporciones de vanos de puertas y ventanas y no sólo por la fachada o corredor como un retablo. La reconstitución de ese volumen debe hacerse con estructuras antisísmicas, materiales contemporáneos y ojalá incorporar elementos reciclados como pilares de madera, puertas y ventanas, y ocupar rellenos y estucos de tierra.

Gonzalo Martínez: “El adobe debiera estar clasificado en categorías”
1. Reconstruir en aquellos lugares que tienen una identidad fuerte y que se le puedan incorporar coeficientes sísmicos apropiados y responsables que confieran seguridad a sus habitantes. Son barrios y áreas dañadas, pero no derrumbadas completamente, como el Barrio Yungay, en Santiago. Debe incluirse en esta reconstrucción un plan con los vecinos de mantenciones que los involucre activamente.

2. Rescatar lo esencial de la identidad de lugares derrumbados. Sin embargo, aprovechar la oportunidad de repensarlos formalmente y desde su estructura, con materiales nuevos a prueba de la mantención en el tiempo. Este terremoto demostró que uno de los peores enemigos del adobe es la mantención, la humedad, las ampliaciones, la apertura de vanos que son difíciles de fiscalizar en un periodo de 20 o 30 años. Si se pensara en reconstruir igual, por ejemplo en adobe, habría que pensar una nueva clasificación de las construcciones. Por ejemplo, serían de una categoría B o C (como los autos no catalíticos), que debieran tener revisiones en tiempos determinados, para no ser riesgosos.

3. Los monumentos, declarados o no patrimonio de pueblos y ciudades, especialmente del campo chileno, que han conformado la historia de la vida familiar y han sido parte de su paisaje, sean reconstruidos lo más literalmente posible con materiales apropiados antisísmicos.

Enrique Browne: “En zonas típicas debe conservarse el ‘espíritu’ preexistente”
Habría que distinguir dependiendo lo que se desea recuperar. Si se trata de un edificio o lugar muy particular y valioso (por ejemplo, una iglesia patrimonial importante y la plaza que por siglos la enmarcó), sería bueno usar las formas ancestrales y materiales tradicionales, pero de un modo sísmicamente mejor. Por ejemplo, se puede reemplazar el adobe tendido por estructuras de madera rellenas con adobe parado revestidos con barro.

Pero si se trata de recuperar zonas o barrios enteros de arquitectura más o menos típica, es más realista y económico utilizar formas y estructuras sismorresistentes modernas que conserven el “espíritu” preexistente en el lugar. En todo caso, la forma de actuar en cada ocasión debería definirse con anticipación a la reconstrucción de edificios individuales.

Patrick Turner: Soluciones mixtas
Para el efecto de edificaciones singulares de carácter patrimonial, como el caso de las iglesias y otras, debe a mi juicio privilegiarse la reconstrucción en base a lo que quedó, tratando de mantener las técnicas, materiales y diseños originales, adicionándoles técnicas contemporáneas de refuerzos. Resulta difícil imaginar una interpretación contemporánea de la iglesia de Guacarhue de Toesca.

Las agrupaciones como las tradicionales calles de corredor continuo puede optarse por incorporar diseños y tecnologías contemporáneas, conservando, eso sí, la morfología preexistente, que en la mayoría de los casos no es sólo la que genera el carácter a los poblados, sino la causa de su conservación en el tiempo.

El tema no es muy complejo. Hay dos caminos: la reconstrucción en adobe reemplazando los muros por tabiquerías de este material con estructuras de madera, o albañilerías. En ambos casos se deberá conservar el ancho original de los muros en base a paramentos dobles, el revestimiento será barro chicoteado y pintura de cal, las estructuras de madera de corredores y techumbres pueden reconstruirse igual a lo original manteniendo las techumbres de tejas.

Jorge Swinburn: “Hay que ser humildes para hacer arquitectura anónima”
Creo que la forma más sensata de reconstruir los pueblos típicos que se destruyeron con el terremoto es respetar usos, formas y materiales, pero que sean antisísmicos.

La otra propuesta me parece de una tremenda insensibilidad, no al patrimonio que sabemos que es escaso, sino hacia las personas que habitan estos pueblos y que están dispuestos a seguir viviendo en ellos. Creo que hay otras instancias para la creatividad y la vanguardia en nuestra profesión pero no es ésta la oportunidad para hacerlo. Los arquitectos no estamos pensando en la gente, hay que ponerse en los zapatos de estas personas que viven en estos lugares, que les gusta su escaso patrimonio.

Si se hacen reinterpretaciones o nuevas formas, va a pasar lo mismo de siempre. Ahí van a quedar esas obras como lunares enquistados, con una mala vejez y a los 5 años habrán pasado de moda y obviamente nadie las va a querer.

Entre los arquitectos, hay que tener una gran humildad para hacer arquitectura anónima.

Germán del Sol: “Es la cultura viva la que hay que cuidar más que el edificio de adobe caído”
El verdadero desafío es construir casas, escuelas, iglesias o municipalidades nuevas, que mantengan del ambiente tradicional y diverso de las ciudades y pueblos destruidos, aquello que aún hoy sigue vivo y refleja el esplendor que tiene la vida de su gente, y no reconstruir los edificios que se cayeron por nostalgia de esa parte material del pasado que ya no existe, o pensando buenamente que seguir la tradición es usar el sombrero del abuelo, y no comprarse uno nuevo como haría él.

Porque lo principal, la belleza, que es fruto de los cuidados gratuitos que prestan a las personas y a las cosas, está viva en su cultura, a la que hay que cuidar más que a los edificios de adobe que finalmente se caen, y que se pueden hacer de nuevo con materiales apropiados, e inspirados en acoger de un modo fecundo la vida que continúa.

Podemos convertir, entre todos, la desgracia en oportunidad de hacer las cosas un poco mejor, sin soñar con palafitos, ni dejar que una industria financie un plan maestro.

Porque la belleza es una sintonía, un amor por las personas y las cosas, que impide “utilizarlas”, es decir, hacer de ellas algo distinto a lo que son.

Hablan las autoridades comunales
TALCA: “LAS CASAS DE SUBSIDIOS QUE ESTÁ ENTREGANDO EL GOBIERNO NO TIENEN NADA QUE VER CON LA TRADICIÓN”
Según Juan Castro, alcalde de Talca, un ochenta por ciento de las casas del casco antiguo de la ciudad sufrieron daños por el terremoto. “Siendo realista, muchos vecinos van a vender sus sitios y otros van a postular a estas casas de subsidios que está entregando el Gobierno que no tienen nada que ver con la tradición y las fachadas. Son personas que no cuentan con muchos recursos y no van a poder gastar en mantener fachadas muy antiguas. Nosotros tenemos el Museo, que es un edificio muy bonito de la Colonia, y me encantaría que se pudiese reconstruir con nuevas materialidades, de manera que no suframos nunca más el daño por ser construcción de adobe. Eso depende de Monumentos Nacionales. Y también está el Mercado, que tiene una fachada que es considerada Monumento; me parece bonito reconstruirlo con nueva materialidad y conservando el diseño que tiene en los muros exteriores. Yo lo cambiaría completo, porque no tiene nada de histórico ni tradicional. Fue declarado Monumento y en vez de favorecer a la comuna la perjudicó esa condición. Las construcciones y casas antiguas que se cayeron me encantaría que se reconstruyeran con nueva materialidad para tener construcciones de calidad”.

CUREPTO: “ES IMPRESCINDIBLE RESCATAR FIELMENTE EL PATRIMONIO”
Para Isabel Vergara, directora de obras de la Municipalidad de Curepto, es imprescindible rescatar fielmente el patrimonio. “En nuestra comuna está trabajando la Facultad de Arquitectura de la UC en la restauración de cinco inmuebles de conservación histórica rescatando la identidad con materiales ancestrales de la zona, y la AOA, oficina de arquitectura Raimundo Lira, ha desarrollado un proyecto de rehabilitación del sistema de corredores, reconstruyendo de acuerdo con la imagen urbana, respetando las tipologías constructivas más reconocibles y utilizando tecnologías de construcción en material diferente al adobe. Para nuestra comuna es importante recuperar la arquitectura donde se puedan asociar las dos alternativas. Ahora ninguno de los proyectos tiene financiamiento; como municipalidad es difícil intervenir propiedades privadas, y tampoco es aplicable el subsidio habitacional sobre locales comerciales que en su totalidad se perdieron matando no tan sólo la arquitectura sino la fuente de trabajo”.

PUTAENDO: “DEBE HABER SUBSIDIOS ESPECIALES PARA REPARACIÓN DE VIVIENDAS DE ADOBE Y TECHOS DE TEJA”.
“Estimo que la reconstrucción patrimonial de la zona centro sur del país debe asumirse con la materialidad y diseños originales”, dice Guillermo Reyes, alcalde de la comuna de Putaendo, cuyo casco histórico fue declarado Zona Típica el 2002. “Soluciones sucedáneas representarían una negación del supuesto objetivo de rescate patrimonial. El Estado debe realizar todos los esfuerzos necesarios para un profundo rescate del patrimonio arquitectónico dañado; se hace urgente la implementación de subsidios especiales para reparación de viviendas de adobe y techos de teja”.

Artículo publicado en “Artes y Letras”, El Mercurio

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