Cosmópolis in situ: Feria del Libro de Santiago

PCV. — Apertrechados sólo con nuestra presencia asistimos a la inauguración de la 28ª Feria Internacional del Libro de Santiago, evento cultural —amado y odiado— que este año tiene como invitado a Colombia y a la región del Bío Bío. Todo comenzó afuera de la Estación Mapocho, donde se emplazó un modesto escenario, sillas enfundadas en blancas telas y una gradería de baja altura con asientos de plástico. Dos entradas permitían el acceso: una para invitados a la salida del metro Cal y Canto, y otra para autoridades, en un costado de la Estación donde aguardaban impecables Audis y Mercedes Benz de patente diplomática.

La periodista de TVN Mónica Rincón fue la conductora de una ceremonia que contó con autoridades como Paulina Urrutia, nuestra ministra de Cultura; José Viera Gallo, ministro secretario general de la Presidencia; Eduardo Castillo, presidente de la Cámara Chilena del Libro, y representantes del gobierno colombiano y de los auspiciadores del evento.

Panorámica

Los discursos fueron en ascenso. Castillo saludó a todas las autoridades de un listado eterno y aprovechó de aclararnos que la Feria se hace «en esta Estación donde antes salían trenes y hoy se inician otros viajes» o algo por el estilo. Viera Gallo se dio el lujo de rectificar a García Márquez y el magistral término de Cien años de soledad, diciendo —en una alocución netamente política— que en Chile «sí tuvimos una segunda oportunidad y no estamos condenados a cien años de soledad». Revivió las últimas palabras de Allende aclarando a los incautos y desprevenidos que «las grandes alamedas sí se abrieron», además de aprovechar de recordar los planes gubernamentales de cariz lector como el vilipendiado Maletín literario.

Después de la intervención de la ministra de Cultura colombiana, Paula Marcela Moreno, se presentó un conjunto musical del país invitado que, pese al carisma, ritmo, sabor, estilo y muchas cualidades más que se me escapan de la cultura llamada “cafetera”, no logró encender a una concurrencia fría, quizás más propia de un mundo lector. Aunque en Cp no ponemos las manos al fuego por nadie, ya que Viera Gallo dio cifras alarmantes, aunque ya conocidas: un 60% de los chilenos no ha tomado un libro en el último año.

Espectáculo colombiano

Después del corte de cinta se permitió la entrada a la Feria. Este cronista reconoce que esperaba un vino de honor o algún detalle gastronómico que acallara sus tripas ruidosas, pero ello no ocurrió. Después de una degustación de los pastelitos bolivarianos que el stand de Venezuela ofreció —y que desaparecieron de inmediato—, realizamos un recorrido expreso por la Estación. En una primera pasada vimos, con sorpresa, que la producción literaria del ministro Viera Gallo —Chile, un nuevo camino— yacía en un roído canasto junto a otros títulos desconocidos a 500 pesos. En la segunda pasada que hicimos algún afortunado se lo llevó.

Salvo por el stand de SBS, una librería educativa que regalaba —no miento— libros didácticos, y que tenía ofertas atractivas —tres libros de Quevedo, en una edición decente, por menos de dos mil pesos—, el resto fue la eterna desazón del lector-comprador compulsivo de bolsillos vacíos: precios similares a los de librería donde, dicho sea de paso, se puede negociar el valor con cierto margen.

La Feria dura 17 días y se presentarán más de 100 libros, amén de espectáculos musicales y teatrales. Revisa la Agenda Cosmópolis para mayores actualizaciones.

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