El Cid y Roldán de frente

Manuscrito del Cantar de Mío CidPCV.— Como muchos textos épicos, el Poema del Cid y el Cantar de Roldán parten de un hecho histórico. El primero tiene su origen en el exilio del Cid y en la conquista de Valencia en el siglo XI; el segundo se basa en la derrota en Roncesvalles de un grupo de soldados de Carlomagno, entre los que se contaba Roldán.

Las diferencias que se dan en ambos textos puede explicarse por la distancia temporal del poema con el hecho —a más distancia, más elementos fabulosos— y, fundamentalmente, por la ideología o visión de mundo que el texto expresa.

Mientras en el Cid hay un corto periodo de tiempo entre hecho y poema —y por consiguiente, un mayor realismo en la narración, sin por ello obviar la existencia de elementos ficticios—, en Roldán el hecho se convierte en fabuloso, al punto de que la derrota de la retaguardia de Carlomagno es vista como una acción grandiosa.

La estructura de ambos textos permite dilucidar la ideología que transmiten. Mientras Roldán está anclado al ideal del gran imperio francés —aristocrático, elitista—, el Poema del Cid refleja la realidad de un nuevo grupo social: los hidalgos (recordemos, además, que Castilla, cuna del Rodrigo Díaz de Vivar, es una región que prescindió de las leyes visigodas, adoptando una jurisprudencia propia).

Ambas realidades se explican por los cambios de época. Mientras en España hay una confluencia social de hidalgos, nobles, mercaderes y comerciantes, en Francia asistimos a una casta desigual, fundamentalmente aristocrática. De este modo, el Cid es la manifestación del ascenso de los hidalgos —una pendiente imparable hasta el siglo XVIII— en una España mestiza culturalmente. Roldán, en cambio, es la voz de una cultura germánica, militar y cristiana.

Si bien el Cid y Roldán —entendidos como textos— comparten una matriz cristiana, el accionar y la fortuna del Cid y de Roldán —entendidos como personajes literarios— son distintos, y eso se explica por las cualidades propias de cada héroe.

Mientras Roldán es altanero y soberbio, el Cid es paciente y reflexivo. Si las acciones individuales arrastran a un colectivo, Roldán y su orgullo acaban con la vida de los integrantes de la retaguardia carolingia, mientras que el Cid y su accionar perfeccionan al resto. El objetivo de ambos también los diferencia: Roldán aspira a una fama y honor militares, mientras que el Cid desea restituir su honor personal y familiar, mancillado por la confabulación sus «enemigos malos». Es sintomático de lo anterior que el Cid no sea un héroe defectuoso, y que triunfe —y viva— mientras Roldán muere en batalla.

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